Revertir el cambio climático y preservar el medio ambiente es imposible sin la descarbonización. Este proceso
reduce o elimina las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente el dióxido de carbono (CO2),
provenientes de la quema de combustibles fósiles, como el petróleo, el gas y el carbón. La descarbonización es
esencial para frenar el calentamiento global y sus impactos en la biodiversidad y los ecosistemas terrestres y
marinos.
Su impacto en la biodiversidad es significativo, ya que el cambio climático es una de las
mayores amenazas a la diversidad biológica del planeta. El calentamiento global, causado por las emisiones de
gases de efecto invernadero, está provocando cambios en los patrones climáticos, lo que afecta a la distribución
y supervivencia de las especies.
En cuanto a los ecosistemas terrestres, la descarbonización es
fundamental para la protección de los bosques, que son uno de los mayores sumideros de carbono del planeta,
porque actúan como una esponja, absorbiendo el CO2 de la atmósfera y almacenándolo en la biomasa y el suelo. Sin
embargo, la deforestación y la degradación de los bosques están liberando grandes cantidades de CO2 a la
atmósfera.

En los ecosistemas marinos, la descarbonización es fundamental para la protección de
los arrecifes de coral, que son ecosistemas muy sensibles al cambio climático. El aumento de la temperatura y la
acidificación de los océanos están causando el blanqueamiento y la muerte de los corales, lo que reduce la
biodiversidad y afecta a la pesca y el turismo en las zonas costeras.
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